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Yo sobreVIVÍ a Eurafrica 2018

14 de febrero. San Valentín. El día romántico por excelencia, pero en mi calendario personal no era Cupido el más importante, si no Facebook. A las 19:30 de la tarde de ayer se estrenó en Algeciras ‘Victoria‘, el documental que recoge lo vivido en la última edición de Eurafrica, el trail que se celebra a finales de año entre tres países, dos continentes y un único territorio. Un poco más tarde, a eso de las 21:30, ya estaba disponible en redes sociales.

Quién me conoce y conoce a mi familia sabe que estamos “unidos” a ese otro lado del estrecho por parte materna, y aunque cuando era un renacuajo sí que visitamos algunas de las poblaciones más cercanas a la costa, a pesar de tenerlo tan cerca, no había vuelto a ir hasta el año 2017, cuando participé por primera vez en Eurafrica Trail junto a mi hermana. En esa edición la carrera pasaba por Gibraltar, Los Alcornocales y el Rif a la altura de Chauen.

Fue todo un “impacto”, no voy a decir descubrimiento porque, aunque no fue hasta la edición de 2017 cuando decidí involucrarme en ella, si que venía siguiendo cada una de las ediciones porque la cabra, al final, tira al monte, y su planteamiento era de ese tipo de cosas que siempre me han gustado pero que he hecho en menos ocasiones de las que me gustaría.

Con la experiencia de la edición de 2017 ya en la mente, participar en la edición de 2018 era algo que iba a acabar pasándome más pronto que tarde. Al final ha terminado por ser mi particular confirmación en el proyecto que encabeza Aitor Calle. Esta edición se presentaba como revulsiva, y vaya si lo fue. La “competición“, y lo entrecomillo porque a día de hoy ya sí puedo decir que eso es sólo una de las patas del proyecto, dejaba atrás Chauen, sus calles azules y su montaña para darle paso a Belyounech, a las faldas del Jebel Musa. Para los que vivimos a este lado del estrecho, la cima que siempre vemos al mirar al horizonte.

En esta imagen creo que queda bastante visible su situación y su cercanía respecto a la costa europea. Esa cima es la que esperaba a los corredores del trail tras haber alcanzado el alto del peñón de Gibraltar en una carrera vertical por las mediterranean steps, que en días despejados ofrece unas vistas del estrecho reservadas sólo a quién se atreva a realizar la ruta, donde también hay un par de cuevas que, ya os digo yo, fotográficamente tienen un interés peculiar. Pongo una imagen que hice en la edición de 2017 del inicio del recorrido. La rescato de Instagram un poco más abajo.

Y al tema. La subida a la cima de Gibraltar no fue, climáticamente hablando, tranquila. La lluvia que había hecho acto de presencia en el día de llegada al campamento ahora descargaba toda su fuerza sobre el peñón y los corredores tenían que subir por esta zona acompañados de todo el agua jugando en su contra. En esta edición yo era el operador de cámara que estaba en la línea de salida para grabar sus primeros pasos.

Abajo tampoco daba mucha tregua, fue la prueba de fuego para el Ronin S. Era el primer evento en el que hacía uso de él y se comportó mejor de lo que me esperaba teniendo en cuenta que lo operaba totalmente a ciegas. Entre paraguas y carreras para refugiarse en la cafetería situada en Europa Point hacíamos entrevistas a corredores, responsables de carrera y autoridades para ETV junto a Chito (soychito.com). Una vez salieron todos los corredores, todo los que estábamos desplegados en la parte baja recogimos nuestro equipo y nos desplazamos hasta la cueva de San Miguel, donde se haría la entrega y reconocimiento a los primeros corredores. En mi caso fui en el coche de Aitor junto con otros miembros.

Desde Europa Point hasta la cueva había varios voluntarios de la carrera que tenían que ir recogiendo los distintos materiales y vallas que indicaban el camino. La lluvia daba treguas de minutos, por lo que aún les quedaba parte del trabajo pasado por agua. Consciente del encargo que estaban haciendo, Aitor paraba cada vez que nos cruzábamos con uno de ellos y les daba las gracias por aguantar, literalmente, el chaparrón que estaba descargando en el peñón.

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Al llegar a la cueva el Ronin ya empezaba a avisarme sobre la batería restante, así que, como en la entrega tampoco iba a haber grandes movimientos, decidí desmontar la cámara de él y grabar a pulso algunos detalles y situarme detrás del podio para coger planos generales con los ganadores en primer término, pero la luz de la cueva hacía de las suyas en la cámara (algún día caerá una a7s y no le tendré tanto miedo a la oscuridad. Prometo), así que grabe algunos planos y preparé el equipo para intentar grabar el regreso en los autobuses. Lo que no me esperaba era lo que vendría después.

Lo que pasó os lo dejo al final de la entrada y ya dejaba ver que esta edición iba a ser muy peleona con todos, tanto corredores como organización. Al día siguiente tocaba grabar la salida, el ambiente y las llegadas en el tramo que transcurría por Los Alcornocales. El día acompañó. Después de lo que tuvimos en Gibraltar era casi imposible pensar en el día tan primaveral que acompañó durante todo el tiempo a la carrera.

Con el Ronin preparado otra vez para dar guerra grabé las salidas de los competidores, sus llegadas, el ambiente que había en la línea de meta y algunas cosillas más relacionadas con el incidente que podeís ver en el documental, pero había varios tiempos muertos que me permitieron conocer un poco más a los que estábamos allí, organizadores y voluntarios, casi todos llegados desde Sevilla.

Al terminar la carrera tocaba recoger bártulos y prepararlo todo para el cruce del estrecho en uno de los buques de FRS. Yo, al vivir en la zona, no hacía uso del campamento Europa para dormir, por lo que por la mañana me desplacé hasta el punto en el que los autobuses recogían a todo el equipo y lo trasladaban hasta el puerto de Tarifa. Ahí ya si me metia en el pack, grabé como se desmontaba el campamento y me “empotré” en uno de los autobuses que llevaban a corredores como Juan Dual (@dualcillo) hasta el puerto.

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Tocaba esperar unos minutos hasta que se abriera el embarque, así que deje preparado el Ronin y la cámara para grabar a toda la comitiva de frente, previo aviso de la guardia civil de que, teóricamente, no podría grabar en las instalaciones (cosa lógica por otro lado), pero que dado el evento y para lo que era, harían un poco la vista gorda, pero no mucho, un par de planos me avisó el guardia, y sin que se viese nunca determinadas zonas.

Como detalle, en la imagen, el señor que está cogiendo su mochila es el veterano de Eurafrica. No ha faltado a ninguna edición y es el de mayor edad de todos los corredores. Una vez en Belyounech pudimos entrevistarlo, lleva corriendo desde que era joven y es una de las muchas historias que te encuentras cuando convives con los corredores.  La historia de Zaid Ait Malek, la del propio Juan Dual…En lo que se refiere a historias Eurafrica es contenedora y creadora de las mismas.

Una vez en el barco, y como ya había visto en la edición pasada, el equipo de FRS había reservado la parte alta del mismo para la comitiva eurafricana. Corredores y organización podían ahora disfrutar del té y las pastas que los tripulantes habían puesto en las distintas mesas. Como dicen que la experiencia es un grado, este año lo primero que hice fue coger un té (por aquello de no perder la costumbre) e irme rápido para el oficial marroquí que debe sellar el pasaporte para entrar en Marruecos. En la edición pasada fui de los últimos en sellar, así que eso ya lo llevaba aprendido y aproveche el tiempo para salir a la cubierta del barco y ver cómo zarpaba desde el puerto mientras grababa algunos planos, los típicos de la estela que dejan los motores del barco, la gente mirando, etc.

Al verme con la cámara, una chica francesa con su hija me pidió que si podía hacerles una foto con la costa y la virgen que corona la entrada (o salida, como queráis verlo) del puerto de Tarifa. Al intentar hacer la foto casi me quedo son Ronin. Lo había dejado apoyado en uno de los asientos en lugar de en el suelo para hacer la foto con el móvil de la chica, pero justo en ese momento el barco metió velocidad. La foto juraría que le salió trepidada, o al menos una de las varias que hice cuando del susto pulsé varias veces el botón de disparo. A la vez, el Ronin se tambaleo con vistas a caer pero, haciendo uso de unos reflejos que no sé de donde salieron (normalmente no tengo ni uno), lo cogí justo antes de que se estampase contra el suelo. Tuve que volver a calibrar los motores, pero nada grave, por suerte.

Cuando estaba calibrando de nuevo los motores Carlos, de Apolo, me avisó que el evento de presentación del equipo de la naviera iba a empezar y tenía que grabar un plano general aprovechando la estabilidad del Ronin, así que allá que fui. Chito hacía de maestro de ceremonias y presentó a los distintos integrantes del equipo como ya hiciera en la edición de 2017 sin darme cuenta que ya estábamos entrando en el puerto de Tánger.

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Ya en la edición de 2017, cuando desembarcamos en Tánger y ví en primera persona el contraste entre toda la zona del paseo marítimo, con grandes zonas verdes, hoteles, tiendas como Fnac, etc. me llevé una sorpresa. No en vano la ciudad había sido siempre internacional y la zona portuaria era un ejemplo de eso. En 2018 la sensación volvía a ser la misma pese a que ya conocía el terreno. En esta ocasión, y como el destino final estaba más cerca que Chauen, tuvimos un rato para deambular por las calles de la ciudad junto a un guía que, por momentos, me recordaba a mi tío cuando lo entrevisté para el documental que hice sobre los españoles que emigraron a Marruecos. Sus padres, al igual que mis abuelos, emigraron y él nació allí, como mi madre o tres de mis tías. El vídeo de arriba es justo de la vuelta que dimos por la medina, mientras grababa con el Ronin para la producción del vídeo del evento.

Mientras recorríamos la zona muchos de los corredores, voluntarios y miembros de la organización se paraban para comprar algunas cosillas. En una muestra del empanamiento habitual yo me dejé la cartera dentro de la mochila, en el autobús, así que sólo llevaba el pasaporte, el ronin, el móvil y la cámara. Me había preparado yo solito una visita sin gastos sin quererlo, así después me desquité en Belyounech con las bebidas. Nos volvimos a montar en el autobús y, ahora ya sí, rumbo a Belyounech.

La organización ya había avisado que el pueblecito, en un día malo, era como Tarifa en sus mejores momentos para hacer kitesurf, por eso íbamos a dormir en jaimas. Lo que yo no me esperaba era que fuese tan literal que, cuando enfilaba los últimos 20 o 30 metros hasta llegar al colegio donde íbamos a montar el campamento, una de las carpas que habían montado saliera por los aires para dar la bienvenida. Otra señal de que esta edición no era fácil.

Ese día no había competición, era el traslado del campamento y el asentamiento de toda la comitiva. Después de grabar esa llegada, y como la organización ofrecía revisiones médicas a varios corredores locales, la tarde se quedaba libre para descubrir un poco el pueblecito costero, su playa o las ruinas de la antigua ballenera. No llevé la cámara, tan sólo el móvil, y tenía que haberlo hecho. Cuando empecé a bajar para la playa llegue a ver zonas más que interesantes para traerme varias fotografías. Me lo apunto con vistas a futuro. Con el móvil saqué un par, como esta que está aquí debajo.

https://www.instagram.com/p/BpxmBTKANws/?utm_source=ig_web_copy_link

La llegada de la expedición al pueblo fue algo similar a lo ‘Bienvenido Mr. Marshall‘ para los niños y no tan niños. Luego me enteré que con motivo de nuestra llegada al colegio les habían dado varios días de vacaciones. En los huecos libres hablaba con ellos, me preguntaban por el Ronin y cómo funcionaba, y nos pasamos nuestras cuentas en redes sociales, de hecho Estrella Morales (@estrellamorales_ita) me decía que era “Thor“, porque estaba todo el día con el Ronin de un lado para otro.

Al día siguiente se desarrolló la carrera sin grandes incidentes y al llegar todos los corredores a la línea de meta aquello se convirtió en una fiesta que seguiría después con la entrega de medallas, donde Aitor recitaba el poema ‘Ítaca’, de Constantino Cavafis, como punto y final de un viaje que queda resumido en el documental que os dejo justo aquí debajo.

PD: De vuelta a Algeciras, en otro alarde de empanamiento máximo, otros dos compañeros y yo perdimos el barco de vuelta.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias

 

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